No puedo sostenerme la mirada ante el espejo. No me reconozco dentro. Y siempre termino reconviniendo con idénticos gestos al que me mira del otro lado del cristal. Simplemente no me simpatizo. No hay química entre nosotros. No me causo ni gracia.
Cuando no me veo todo es distinto. Puedo existir con sorprendente naturalidad. Me desplazo con destreza y libertad, sonrío amplísimo y coqueto, tiendo, abrazo, balo y doy. Pero siempre detrás del cisne se limpia el lago reflector. Entonces me reencuentro con el rostro azarado arado, con la curvatura rebotadora desinflada, con los pelos tristes marchitos, con los brazos aguadados desmayados, con el ánimo decaído extraviado.
Pero ¿y qué? Jamás he sido partidario de lo superficial, me digo. Mas ahora al que se acerca en el espejo, no sin miedo le confieso en silencio: Mi cuerpo es la palabra de lo que soy por dentro.
El de la foto eres tú?
Rédigé par: | avril 10, 2005 à 18:11
Así es: soy yo.
Rédigé par: Iván Francisco Sierra | avril 10, 2005 à 23:26
¿Eres tú, Alejandro, el del comentario sin firmar?
Rédigé par: Iván Francisco Sierra | avril 10, 2005 à 23:57
Rayos! no soportar la propia mirada es malo, pero te podria ir todavia peor: podrias estancarte en la auto-connivencia.
No soportas la profundidad de tu propia observacion? Eso indicaria: 1) sigues siendo objetivo aunque duela moderadamente 2)lo que no te gusta es algo definido
Vamos, deja de huir de tu juicio, enfrentalo y cambia lo que requieras!
Lamentablemente la sensualidad no hace mas que agravar, a largo plazo, el problema.
Voltea tu sensualidad como calcetin, lo de afuera hacia adentro, a ver que pasa.
Rédigé par: | avril 14, 2005 à 00:23
Me había olvidado de agradecer el segundo comentario anónimo. Lo hago ahora.
Me resulta especialmente esclarecedor, y me dispone.
¡Gracias!
(Espero que siga frecuentándome, dejando sus opiniones).
Rédigé par: Iván Francisco Sierra | avril 30, 2005 à 04:57