Tengo un recuerdo. Ella tiene diez años, yo cinco. Estamos en el umbral de la puerta de la habitación de mis padres, en el segundo piso. Ella está agachada en una posición doblemente útil: vigilando con atención la escalera, por si alguien viene, y abriendo su aromosa zona genital. Yo le hago cositas besándole ahí con mi entrepierna.
Disgustado ya de la infructuosa labor, empiezo a rogarle que se volteé para continuarla por enfrente. Ella me dice que no, podría sorprendernos su mamá, la señora de las labores domésticas. “Ándale, Flor, por enfrente —mil veces— por favor”. Que no, me repite, sin distraer su mirada del rumbo de la escalera.
Y eso es todo. Sólo una duda me queda: ¿quién era Flor? La señora que trabajaba en casa no tenía hijas, al menos no que yo conociera. En cambio, recuerdo vagamente a un chico. Eso, y mi mirada fija en la escalera.
Intriga y me gusta, pero el final me desiluciona, no logré entenderlo.
Rédigé par: nelly | avril 19, 2005 à 06:47
Impecable... Humano... Precioso...
Rédigé par: Admirador secreto | avril 19, 2005 à 13:35